el enaltecimiento de los valores juicioso

 

 

Un valor es una propiedad relacional entre deseo y situación.(1) Objetivamente, se determina como pro-social en la medida que se refiere a una situación concreta, y se demuestra socialmente deseable.(2) Por ejemplo, si la situación en que ninguno miente se corrobora como deseable por todos, entonces la honestidad se evidencia como un valor pro-social. En fin, los valores sociales provienen de las interacciones sociales, y el bien se origina en la experiencia humana.

Enaltecer un valor lo encapsula, volviéndolo un marco de referencia intocable para evaluar situaciones futuras. Al mismo tiempo, la encapsulación lo separa de su contexto situacional: el mismo flujo de acción humana que motivó la valoración original.

Enaltecer un valor al punto de entronizarlo en un velo de incuestionabalidad implica un abandono de su justificación fáctica provisional a favor de una justificación fija y autoritaria. Así, la deseabilidad de la situación en cuestión se justifica en lo que disponga la autoridad.

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Si el sujeto percibe un aire de certeza infalible proyectado por la autoridad, puede intuir que ésta debe estar en lo cierto. Dando por cierta la infalibilidad, se satisface un deseo inconsciente de certeza. Asimismo, si la justificación autoritaria se percibe como inmutable, entonces puede satisfacer un deseo inconsciente de orden y de permanencia.

La imposición por autoridad puede lograr el cumplimiento, pero difícilmente logra la internalización de una norma y valor subyacente. Una cosa es acatarla como una forma de lidiar con la autoridad o medio de salvación; otra es internalizarla y practicarla, habitualmente, por cuenta propia.(3)

En la práctica, la internalización de una norma y valor subyacente da mejores resultados de implementación que sólo cumplir externamente.(4) Una justificación basada en los hechos relevantes y la consciencia social agiliza la internalización. La razón de ello es que una justificación fáctica es transparente ya que los hechos son corroborables.

En cambio, una justificación basada en las apelaciones a la autoridad puede ser arbitraria. Total, la imposición por autoridad no tiene necesidad de ajustarse a los hechos relevantes. Si a nivel intuitivo una justificación autoritaria parece atractiva, bajo la lupa crítica resulta menos convincente.

 

 

Los pasos adicionales de enaltecer y entronizar los valores con un sello de incuestionabilidad y alegar derivarlos de la autoridad de Dios resultan contraproducentes. En fin, la la justificación autoritaria termina complicando tanto la internalización como la implementación de normas.

---> separación entre pensamiento y acción --->

borrador al 9 jun. 2011.Para revisión crítica. Carmen Chase

referencias
1. Así como la distancia es una propiedad relacional entre punto A y punto B en el espacio-tiempo físico, un valor es una propiedad relacional entre deseo y situación: ver “A BETTER PLACE: Selected Essays on Desire Utilitarianism”, Alonzo Fyfe, 2006. Los deseos son estados mentales, que se realizan físicamente en el cerebro (melnyk 2003, et al). Por su parte, Dewey describe un valor como "...una idea generalizada sobre un conjunto de fines similares." “Theory of Valuation”, International Encyclopedia of Unified Science Vol. II, Nº 4, John Dewey, 1939.
2. es decir corroborado como deseable por
todos los involuncrados, y armonizador de sus intereses.
3. motivado internamente: por la consciencia social, por consideración al otro, para ser correspondido, para seguir siendo respetable, para ganar credibilidad, etc…
4. “Ideal Code, Real World: A Rule-Consequentialist Theory of Morality”, Brad Hooker, (Oxford University Press, 2003), cáp. 3.2

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