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Las creencias y actitudes pueden afectar la voluntad y repercutir en los esfuerzos y conducta del individuo. La conducta es observable y evaluable. Así, la observación objetiva de las consecuencias de una creencia permite evaluar si ésta resulta beneficiosa –independientemente de la facticidad de la proposición creída. En términos religiosos, “por sus frutos los conoceréis”. Mateo, 7: 16.
Históricamente, el individuo religioso tiene un marcado deseo de orden; o dicho a la inversa, tiene una aversión a la ambigüedad e incertidumbre. Al mismo tiempo, tiende a confiar intuitivamente en lo establecido para satisfacer este deseo. Como consecuencia, se inclina a aceptar textos milenarios y proposiciones religiosas: dioses, destino, el más allá...(1) La religiosidad toma dimensiones sociales en la medida de su generalización. A nivel social, prevalecen la estructuras jerárquicamente ordenadas y el conformismo. Entonces, la gran pregunta es ¿Resulta socialmente deseable?
Realmente cuesta una descripción generalmente acertada de la cultura religiosa y todos sus efectos. Nuestra tarea exige identificarla y sus consecuencias –socialmente deseables como indeseables– así como los efectos indirectos y acumulativos a largo plazo. |
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mini-ensayos críticos 
Dios, como medio transmisor de valores
el enaltecimiento de los valores
separación entre pensamiento y acción
ideales que inspiran
la creencia en Dios da cohesión social
La confianza basada en hechos pisa más firme que la “fe”
Una política general de “fe”
¿La “fe” impulsa el altruismo?
una sentida necesidad de un apoyo
el paternalismo
el efecto “cábala”
el poder de las plegarias
una esperanza de armonía
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el costo/beneficio
Dado los enormes recursos gastados históricamente en idealizar, justificar, promover y mantener la cultura religiosa, corresponde una investigación independiente sobre sus consecuencias sociales a largo plazo, para un análisis serio de costo-beneficio.
Crisis o no, corresponde justificar cada peso invertido. Si la suma total del costo de mantener la cultura religiosa –más sus consecuencias sociales indeseables– realmente supera sus consecuencias sociales deseables, entonces habría que reconocer que realmente no vale la pena subvencionarla. Correspondería abandonar tal política a favor de una cultura más fructífera.
borrador al 7 jun. 2011.Para revisión crítica. Carmen Chase
referencias
1. Para un estudio del perfil general autoritario estadounidense, ver “Authoritarianism and Polarization”, Hetherington y Weiler (Cambridge, 2009), p. 34) |
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