una posición atea es sostenible

 

 

fiabilidad

Para el entendimiento común, un sistema de fiabilidad basado en la evidencia observable resulta acertado y transparente. Los hechos concretos son directamente señalables y compartibles: por eso proporcionan una base más fiable y práctica que la intuición, o el respeto irreflexivo por la autoridad. El criterio externo mantiene el pensamiento unido al continuo de la acción: exige a contrastar el pensamiento con los hechos.

Una fuente externamente accesible es rastreable, compartible y contrastable. En cambio, una fuente intrínsecamente subjetiva, privada o introspectiva es inaccesible a terceros: una evaluación independiente resulta imposible.(1) Total, ¿Cómo comprobar que alguno tuvo tal o cual sueño?

Por otra parte, un criterio de fiabilidad autoritario exige subordinar el juicio propio al juicio de las autoridades.(2) Se justifica, generalmente, en base a una supuesta superioridad, infalibilidad –o directamente en el poder. La subordinación, exigida por las autoridades, puede ser utilizada por éstas para sus propios intereses. Es más, las autoridades pueden, en principio, avalar cualquier cosa. Por estas consideraciones, un criterio autoritario resulta impráctico para el entendimiento común.

nociones intuitivas

Por la propia forma en que el cerebro funciona, el individuo se inclina a inferir patrones, propósitos y causalidad. Acostumbra detectarlos en su experiencia cotidiana. Por eso, tiende a intuirlos para entender y lidiar con el mundo. Como consecuencia, puede intuir dimensiones ocultas de la realidad: desde las intenciones de las personas hasta un plan cósmico, propósitos ocultos en la naturaleza, etc... (3)

Dando por hecho un plan cósmico o propósito oculto, se infiere, comprensiblemente, que debe haber una mano oculta detrás de ello: alguna inteligencia o voluntad oculta que manda, alguna fuerza misteriosa que ordena y guía las cosas... La veracidad de tales nociones intuitivas determina el apoyo que dan a la proposición de que Dios sea real.

Aunque parezcan intuitivamente plausibles, las nociones de plan cósmico o propósito oculto resultan falsas. Si el universo y los organismos se crearon por un artesano divino, quedaría señales delatoras de su artesanía. Pero la naturaleza resulta ser tal como se esperaría si no existiera ningún plan divino: bajo la lupa crítica, no se observa evidencia de intención deliberada ni de propósito preexistente.(4)

De hecho, la investigación genética revela más evidencia de procesos aleatorios que evidencia de adaptación por selección natural –pero cero evidencia de planificación inteligente.(5) Las nociones intuitivas divinas son comprensibles, pero no concuerdan con el conocimiento científico actual de las cosas.

Por otra parte, las explicaciones de cosmogénisis concordantes con teorías científicas vigentes resultan más fiables y menos complicadas que las nociones intuitivas de planificación inteligente o mano oculta sobrenatural.(6)

sin contrapartida real

La veracidad de una proposición radica en la correspondencia con el objeto al que se refiere.(7) Para evaluar su veracidad, se contrasta con el objeto real correspondiente. Un baño de realidad ayuda a ver las cosas como son.

Nunca en la historia de la experiencia humana se ha señalado un objeto real correspondiente al concepto clásico de dios. La falta de contrapartida real delata su irrealidad; como norma práctica, lo imaginado se considera irreal –hasta confirmarse.

 

Dios: el modelo teórico

Por supuesto, existen objetos concretos inobservables. Las consecuencias razonablemente esperadas e implicaciones lógicas permiten contrastar empíricamente una entidad teórica inobservable.(8)

Los atributos declarados del concepto clásico de Dios tienen consecuencias razonablemente esperadas e implicaciones lógicas: éstas, a su vez, permiten formular un modelo teórico contrastable. Sometiendo dicho modelo teórico a los rigores de la prueba experimental, se puede confirmar o refutar, con un alto grado de fiabilidad, la proposición de que sea real.

Bajo criterios rigurosos, el modelo teórico del concepto clásico de dios no supera la prueba experimental. Si fuera real, debería haber evidencia observable en apoyo de sus atributos declarados: no la hay. La ausencia de evidencia observable, donde lógicamente debería haberla, es evidencia válida de su ausencia.(9)

otras consideraciones

Hasta ahora, los argumentos presentados en apoyo de la realidad de Dios resultan insostenibles bajo criterios de lógica normal.(10) Son racionalizaciones justificadoras fallidas. Las apelaciones a la tradición costumbrista, a la autoridad, a la popularidad no apoyan la veracidad de la proposición(11) –sino que delatan su debilidad.

La proliferación de distintos dioses, cada cual con rasgos culturales distintos, delata su origen humano.(12) Además, la autonomía del individuo, evidente en las elecciones personales y libre iniciativa, contradice el supuesto plan de cualquier ser supremo –efectivamente negándolo.(13)

conclusión

Si bien el concepto clásico de dios parece creíble a nivel intuitivo, bajo criterios rigurosos se revela como una proposición falsa, sin fundamento real identificable. Alcanza y sobra para creer que Dios es irreal –más allá de toda duda razonable. Una posición atea resulta sostenible.(14)

Por otra parte, las creencias, aunque falsas, pueden tener repercusiones en la conducta –con consecuencias observables y evaluables. Dado el considerable empeño en promover y mantener el concepto clásico de dios y cultura religiosa, corresponde una investigación rigurosamente objetiva sobre el costo real de éstos, contra sus consecuencias sociales a largo plazo, con el fin de un análisis serio de costo-beneficio.

Redacción provisoria, 2 sep. 2010. Carmen Chase

referencias

1. “The New Skepticism: Inquiry and Reliable Knowledge” Paul Kurtz, (prometheus books 1992), cap. 4
2. Un criterio de fiabilidad estrictamente autoritario se auto-justifica: subordinarse por suponer que tiene más poder –y se supone más poderoso justamente porque se le subordina... Seguir al líder porque se sigue al líder. Si se fía del líder por mostrarse justificablemente digno de confianza, por su experiencia relevante, por sus capacidades etc.., entonces ya no es un criterio de fiabilidad autoritario.
3. “SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable”, Bruce M. Hood, (HarperOne abr. 2009), cap. 3
4. “El Relojero Ciego”, Richard Dawkins (Editorial Labor)
5. “Has Science Found God?”, Victor Stenger, (Prometheus Books 2003) cap. 4
6. “Has Science Found God?”, Victor Stenger, (Prometheus Books 2003) cap. 6 y 12
7. La teoría de la correspondencia de la verdad o adecuación –la noción más extendida de verdad.
8. Por ej. el neutonio. Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Neutrino
9. Un modelo teórico de un Dios judeo-cristo-islámico clásico se falsa en cada una de sus atributos. véase “God – the Failed Hypothesis: How Science Shows that God Does Not Exist”, Victor J. Stenger, (Prometheus Books 2007).
10. “Atheism: a Philosophical Justification”, Michael Martin (Temple University Press 1990); ver también “The Impossibility of God”, Michael Martin y Ricki Monnier editores (Prometheus Books, 2003)
11. “Lógica informal: falacias y argumentos filosóficos” Juan Manuel Comesaña, 2nda de., (Eudeba 2001), pág. 65.
12. Christopher Hitchens, en un debate, sepan disculpar que no recuerdo la fecha exacta.
13. “Positive Atheism”, Gora (Bhavana Printers 1972, India), cap. 2, pág 23.
14. i.e. una “posición ateísta”: la descreencia en la proposición de que Dios sea real, o bien la creencia que Dios es irreal.

 

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la carga de prueba Ante una afirmación, ¿qué actitud se asume? ¿Qué derechos y obligaciones corresponden, y a quién?

Como norma práctica, la carga de prueba recae sobre quien afirma: entre más insólita la afirmación, mas pesada la carga de prueba. Y éticamente, el proponente es, por omisión, responsable por sus palabras. Así por responsabilidad y carga de prueba, al proponente le corresponde presentar evidencia observable –o al menos razones sólidas que apoyen la probabilidad de su proposición.

Si se invirtiera la carga de prueba, por omisión le correspondería al oyente creer cualquier afirmación ajena, o bien hacerse cargo de desmentirsela. Entre más extraordinarias e infundadas las afirmaciones del proponente, más costoso para los oyentes desmentirlas –cada quien redundantemente por su cuenta. Obviamente, como norma no va.

En principio, el oyente está en su derecho cuestionar cualquier afirmación. De acuerdo con la carga de prueba, cabe decir: “¡Muéstreme!”. Si el afirmante no se hace cargo de sus afirmaciones, entonces se quedan en la nada –y vale descartarlas por infundadas.

Una afirmación infundada es algo como una acusación injustificada. Para evitar la condena de un inocente, no se le falla culpable sin pruebas contundentes o razones sólidas. Es más, el proponente de una proposición falsa es, por omisión, reclamable –así como una contrademanda por calumnia.

La proposición de que el concepto clásico de dios sea real es extraordinaria. Si el proponente de la realidad de Dios realmente valora la veracidad y objetividad, entonces le corresponde examinar su proposición con el mismo rigor que examina otras proposiciones extraordinarias que le resulten de interés. En fin, si una posición resulta insostenible o infundada, mejor abandonarla antes que ser incongruente.

Redacción provisoria, 29 ago. 2010, Carmen Chase

El desafío a probar la inexistencia

El desafío a probar la inexistencia de algo evidentemente irreal e insostenible presupone que realmente existe. El desafío resulta una táctica infantil que delata la debilidad inherente de la posición –y la pretensión a ampararse en la irrefutabilidad.

Redacción provisoria, 29 ago. 2010, Carmen Chase

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