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Una posible explicación de los dioses es que se originan la capacidad natural del cerebro humano de atribuir intenciones. Si bien se supone una intencionalidad en la naturaleza, comprensiblemente se infiere una mano oculta detrás de ello.(1) Después la imaginación idealizadora, de los que infieren tal mano oculta, puede rellenar los detalles de ésta formando un modelo conceptual.(2)
Por ejemplo, los ideales de la bondad, de la justicia, de la artesanía se atribuyen a un protector celestial, a un dios justiciero, a un creador de mundos respectivamente. Así, el dios se vuelve un medio transmisor de los ideales de su autores.
Al contemplar el modelo conceptual con el ideal deseable, el sujeto puede intuir que aceptándolo absorbe su esencia. De esa forma, facilita la aceptación e internalización de los ideales incorporados en el modelo conceptual transmisor. Toma dimensiones sociales en la medida que se generaliza la aceptación del modelo conceptual transmisor del ideal.(3)
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El beneficio social de la aceptación general del modelo conceptual transmisor se evalúa a la luz de sus consecuencias sociales. Si todos lo aceptan, motivados por la idealización de un valor que realmente resulta prosocial –como la honestidad– entonces resulta de beneficio social en la medida de la aceptación general de dicho valor idealizado en el modelo conceptual transmisor.
Un valor es una propiedad relacional entre deseo y situación.(4) Objetivamente, se determina como pro-social en la medida que se refiere a una situación concreta, y se demuestra socialmente deseable.(5) Por ejemplo, si la situación en que ninguno miente se corrobora como deseable por todos, entonces la honestidad se evidencia como un valor pro-social. En fin, los valores sociales provienen de las interacciones sociales, y el bien se origina en la experiencia humana.
Sea cual fuere el motivo de tercerizar los valores y principios por un medio transmisor divino, es redundante. Pero aun así, ¿Resultan socialmente beneficiosos los pasos adicionales de enaltecer, entronizar y consagrar los valores con un sello de incuestionabilidad y alegar derivarlos de la autoridad de Dios?
borrador al 8 jun. 2011.Para revisión crítica. Carmen Chase
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referencias
1. Véase: “SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable”, Bruce M. Hood, (HarperOne abr. 2009), cap. 3.; Why Would Anyone Believe in God?”, Justin Barrett, (AltaMira Press, 2004); “RELIGION EXPLAINED” Pascal Boyer, (Basic Books 2001). También “The Believing Brain”, Michael Shermer, (Times Books, 2011), cap. 4 “Patternicity” y cap. 5 “Agenticity”. Este último entra en gran detalle neurocientífico.
2. “A Common Faith”, John Dewey, (Yale University Press, 1960), “...los valores a los que se da un locus sobrenatural son, en realidad, producto de una imaginación idealizadora, que se ha apoderado de los bienes naturales.”, cap. 3, p. 70. Considere el dios de la justicia Murukan
3. Por analogía, considere el dinero. Cuando la gran mayoría lo aceptan como medio de cambio, se realiza su propiedad social (su “poder”). Caso contrario, un fajo de billetes valdría más o menos lo mismo que un lindo bloc de notas.
4. Así como la distancia es una propiedad relacional entre punto A y punto B, un valor es una propiedad relacional entre deseo y situación. (ver Alonzo Fyfe). Cabe recalcar que una situación puede ser muy concreta; los deseos, a su vez, son estados mentales. Los estados mentales se realizan físicamente en el cerebro (melnyk 2003, et al). Por su parte, Dewey describe un valor como "...una idea generalizada sobre un conjunto de fines similares." “Theory of Valuation”, International Encyclopedia of Unified Science Vol. II, Nº 4, John Dewey, 1939.
5. es decir corroborado como deseable por todos los involuncrados, y armonizador de sus intereses.
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