La necesidad de tolerancia o respeto por las diferencias de opinión recibió poca atención en las eras de creencia religiosa y patriotismo nacionalista. Orgullosos de su propia fe, cada grupo chocó con otros. Los religiosos y patriotas mataron a sus prójimos para complacer a su propio dios o patria. El pueblo vivió oprimido sin socorro excepto las plegarias. La religión tampoco tuvo remedios para los males de su propia creación. Su consejo constante fue menospreciar los deseos mundanos y buscar la bienaventuranza en el más allá.
Cuando el método religioso quedó así desacreditado, Gandhi intentó restaurarlo en el mundo moderno a la gloria que inspiró su comienzo. Señaló acertadamente que la veracidad y tolerancia significaba la honestidad y la no violencia en la práctica. Sus experimentos con la veracidad llamaron ampliamente la atención de todo el mundo, porque conmovió toda rama de la vida moderna con la varilla de la veracidad y activó la veracidad con la sanción no violenta de la Satyagraha*. Debido a su fe en el método religioso, interpretó su experiencia en los términos de su fe. La fórmula de Gandhi “la verdad con dios” fue un ejemplo famoso de su inclinación.
La devoción a la veracidad hizo de Gandhi práctico y realista. Por lo tanto, no permitió que la ortodoxia religiosa complicara el progreso a la vida veraz. A las palabras antiguas le dio nuevo significado compatible con las nuevas situaciones. Si bien profirió el nombre de Rama, el dios hindú, aclaró que hacía referencia a un ideal, no el hijo del rey Dasaratha o la esposa de Sita de la mitología hindú. Cambió el énfasis de la creencia en dios a la práctica de la veracidad cuando declaró “Es más correcto decir que la verdad es dios que decir que dios es verdad”.** Ante el desafío de un ateo, acordó en dejar la mención de dios y tener la verdad en su lugar. Cuando se avivaron las disputas religiosas en la India, recomendó la formación de un estado secular que tratara la religión como una cuestión personal. Así cuando encontrara un conflicto entre la fe en dios y las necesidades de la veracidad, se inclinaba más a subordinar la fe a la insistencia en la veracidad.
Gandhi fue el profeta de la verdad como la norma social por excelencia. Utilizó el método religioso para la comprensión de la verdad. Pero la devoción de Gandhi a la verdad despejó a la fe religiosa de tanta escoria que pareció irreligioso y al final cayó, por la bala de un fanático religioso. El martirio de Gandhi a la causa de la verdad reveló que la fe religiosa, por más liberalizada que sea, no dio abasto a las necesidades de una civilización en expansión, ya que la fe religiosa frena la iniciativa y cierra la mente. El ateísmo confesado es una necesidad para forjar una humanidad moral, plena e íntegra.
La libertad del ateo presenta la ética en una nueva luz. No se mueve en la rutina de códigos. Reconoce que la honestidad es una necesidad social, y así es honesto por elección. A diferencia de las imposiciones de los tabús primitivos y fe religiosa, la autodisciplina lo mantiene moral. La autodisciplina es posible para el ateo porque se siente libre y lleva una vida consciente. Sin embargo, los deslices se controlan por los métodos transparentes y no violentos de la Satyagraha. Por la Satyagraha, uno insiste en que el otro cumpla sus promesas y profesiones. Es un control social contra la deshonestidad. Al mismo tiempo, la Satyagraha obliga a su partidario ser moral: al que exige la veracidad, le corresponde practicarla.
Cuando Gandhi dijo que nadie podría ser un Satyagrahi sin la fe en dios, mostraba su inclinación religiosa. Aparte de eso, la Satyagraha es básicamente ateísta en que el Satyagrahi insiste en el derecho de exigir la honestidad del otro en las relaciones sociales. El método de la Satyagraha flaqueó y volvió sectario en la época post-Gandhi porque Gandhi no aceptó el ateísmo abiertamente. La adopción del ateísmo transforma la Satyagraha en un medio poderoso y honesto de controlar la deshonestidad. |
La insistencia en la la veracidad no estorba la libertad del individuo. La obligación social implícita en la Satyagraha convierte la libertad del individuo en libertad moral. El ateo es libre de decir o hacer lo que le parece, siempre que hace lo que dice, y dice lo que hace. Así en el contexto de las relaciones sociales, la libertad del individuo es libertad moral. Por supuesto, las relaciones sociales no pueden permitir el libertinaje, el egoísmo, o el secreto.
La ejercicio de la libertad moral resulta en el establecimiento de la igualdad entre todos, ya que la conducta transparente no permite la desigualdad entre los miembros de la misma especie humana. La práctica de la desigualdad y la confabulación a la violencia implican el egoísmo y una actitud sectaria. Tales personas desconfían de otros y recurren al secreto. Por el contrario, la transparencia no da lugar a las actitudes sectarias; por lo tanto, tampoco lugar a la desigualdad y violencia.
Las actitudes sectarias de casta, clase, credo, idioma y raza permitieron a los pueblos vivir en enclaves cerrados, cada cual desarrollando sus propios intereses. Los propósitos imperialistas y expansionistas llevaron a conflicto entre los grupos. Los grupos caídos formaron minorías en autodefensa.
Cuando todos se sienten libres y transparentes, y desaparecen las actitudes sectarias de las minorías, todos se sienten igualmente humanos. La antigua noción de raza, clase, casta y nación no tienen lugar en la ética ateísta, que trata a todos por igual y se encamina al ideal anelado de una sóla humanidad y un sólo mundo. La ética ateísta es igual para todos, a diferencia de las costumbres antiguas de un código de conducta para el hombre y otro para la mujer; uno para los blancos y otro para los negros; uno para los ricos y otro para los pobres; uno para los brahmin y otro para los Sudra; uno para los amos y otro para los sirvientes. Asimismo, cuando se derriban las fronteras sectarias por la expresión de la libertad del individuo, se invalidan las afirmaciones de culturas separadas. Cuando se mezclan las gentes, se convierte en una sóla. Efectivamente, la cultura es el instrumento que permite a un individuo encontrarse con otro como su igual. Atribuir a la cultura las etiquetas sectarias de casta, raza, religión, clase o nación es definitivamente inculto.
Los principios guiadores ateístas para el bien y el mal se contienen en la propia práctica de la honestidad. Todo lo que se hace abiertamente está bien y todo lo que oculta el secreto está mal. Las batallas se luchan abiertamente, pero están mal ya que su estrategia se hace en secreto. La transparencia de conducta alcanza para prevenir la violencia en las relaciones sociales. El estallido de violencia emocional no es tan dañino como la violencia tramada en el secreto. Con el secreto, la violencia se convierte en la confabulación deliberada sin remordimiento alguno. En cambio, un acceso de violencia abierto puede ser seguido por el arrepentimiento y enmienda.
Mientras la transparencia es la prueba para la rectitud de una acción, la mentalidad servil permitió prevalecer grandes injusticias abiertamente en la tradición teísta, tanto religiosa como laica. El insulto y la crueldad contenidos en la práctica abierta de la intocabilidad, pobreza, apartheid, linchamiento, pogrom y ejecuciones mortales son ejemplos de la injusticia. Su aceptación ha sido posible en el contexto del teísmo, en que los víctimas se creían destinados a durísimas privaciones. No veían ningún escape del insulto y crueldad y soportaban los problemas pacientemente con la fe en la gracia de dios y justicia social. Por eso la aceptación de las crueldades en la civilización teísta.
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Los ateos descartan la fe en el destino y el determinismo. Ven la injusticia de la desigualdad y se rebelan abiertamente contra ella. De esta manera la transparencia de la ética ateísta no sólo prueba la rectitud de una acción, sino conduce al establecimiento de la igualdad en las relaciones sociales. Obviamente, el insulto y la crueldad no tienen lugar en la ética ateísta cuyo objetivo es la igualdad y método es la transparencia.
La prueba de la transparencia para la rectitud de una acción mantiene las relaciones progresivamente morales. El ateo no se compromete a un código que por su naturaleza se vuelve anticuado y conservador. Ejerce su iniciativa para decir y hacer abiertamente lo que considera correcto. La transparencia de la acción la vuelve honesta y el uso de la iniciativa la vuelve progresiva. La respuesta del pueblo evalúa lo apropiado de la acción ante la necesidad actual. Si el individuo no está satisfecho con la respuesta del pueblo, es libre de cambiar su acción o bien volverse un mártir por lo que considera la verdad. La difusión del ateísmo abre las mentes de los que se vuelven susceptibles a las nuevas ideas. El surgimiento del ateísmo reduce la persecución de la herejía. La lucha para la libertad política y el movimiento Satyagraha liberalizaron tanto a los Hindúes que consideraron abolir la costumbre de la intocabilidad e incorporarla en la constitución.
La mente libre de los ateos afloja los vínculos de la propiedad privada y las lealtades familiares. Esas instituciones se formaron antes del establecimiento del estado para asumir la responsabilidad de la seguridad social. Aunque la institución de la propiedad privada causó desigualdades económicas y la institución de la familia la opresión de la mujer, los males se toleran en vista de la ventaja de seguridad que proporcionan. Pueden comprarse la comodidad y protección con la propiedad privada, y los miembros de la familia acudir a la ayuda del individuo en tiempos de necesidad, vejez e invalidez.
Con el establecimiento de gobiernos estables las condiciones han cambiado en la época moderna. Para garantizar la seguridad social, la institución del gobierno es más capaz que las instituciones de la propiedad privada y familia, cuyas capacidades son limitadas. Por supuesto, la institución de gobierno conlleva el dominio de la autoridad centralizada; sin embargo, la desventaja es controlable con el surgimiento de la libertad del individuo. Un gobierno puede liberar la mujer y abolir la pobreza más eficazmente por medio de su autoridad estatal que por arreglos de códigos de conducta desgastados. Por eso, la ética ateísta se inclina hacia la política.
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* Satyagraha: Satya es la palabra sánscrita para “veracidad”, y graha “fuerza.” Su significado es sostener la verdad, la fuerza de la veracidad. http://es.wikipedia.org/wiki/Satyagraha
** fuente: Yervada Mandir, Capítulo 1: citado en “God is Truth” (dios es verdad), página 25. Publicado por Bharatiya Vidya Bhavan, Bombay.
Tomado de su libro Positive Atheism
Republicación autorizada por
Atheist Centre
Patamata, Vijayawada
520 006 India
DERECHOS RESERVADOS
Traducción (provisoria) por Carmen Chase 2008
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