¿Cómo estar seguros sobre la existencia de Dios?  
     
 

criterios fiables blanco

Actuar sobre lo verdadero permite avanzar con pie firme. Pero actuar sobre lo falso puede tener graves consecuencias. Por eso, es importante usar criterios que permitan discernir con juicio propio. Para estar seguros sobre la existencia de Dios, debemos examinarlo con criterios fiables.(1)

Los resultados de los criterios a utilizar permiten evaluar su capacidad de dar repetidamente en lo cierto. Cuanto más certeros se demuestran, mejor funcionan –y más fiables se evidencian.(2)

Si bien la experiencia y razonamiento personales forman la base del conocimiento, la mayoría de éstos provienen de terceros. El intercambio de datos y opiniones permite ampliar los conocimientos de cada uno.

Los testimonios ganan credibilidad en la medida que cumplen con criterios fiables. Un testimonio autocontradictorio o incoherente se invalida solo. La veracidad de un testimonio puede evaluarse contrastándolo contra los hechos a los cuales se refiere. Dos o más testimonios de los mismos hechos deberían coincidir. Es más, los motivos y compromisos del testigo influyen en la objetividad de su testimonio. Sintéticamente, la credibilidad de un testigo se basa en su capacidad de observar, de hacer memoria y de relatar los hechos clara y objetivamente.

Adicionalmente, para validar un testimonio experto deben evidenciarse conocimientos sustanciales pertinentes a la especialidad válida del presunto experto. Su testimonio debe ser pertinente a su estrecho campo de especialización. Aún así, puede tener intereses que afectan la objetividad de su testimonio. Por eso, conviene una evaluación independiente de los conocimientos del presunto experto, de su testimonio –y de sus motivos. Hasta los expertos de los expertos se equivocan.(3)

fiabilidadEl criterio fáctico exige a ajustar el pensamiento a los hechos concretos. Los hechos son físicos, o al menos requieren de lo físico. Por eso son corroborables, proporcionando una base fiable para el entendimiento común. Así, el criterio fáctico resulta imparcial, autocorrector y acertado para la veracidad.(4)

Un dato proveniente de una fuente accesible a terceros es rastreable. La accesibilidad permite contrastarlo, repetidamente, con los hechos a los cuales se refiere. Así, la accesibilidad pública demuestra ser un criterio esclarecedor y fiable.

La introspección sólo apunta al espacio interior del sujeto, sin necesidad de ajustarse a la realidad fuera de éste. Por eso, el proceso introspectivo que apunta hacia dentro, resulta poco fiable para determinar lo que existe independientemente de cada uno.(5)

El criterio ingenuo de autoridad se basa en una suposición intuitiva de superioridad.(6) Si se supone superior una fuente, entonces la información procedente de ésta parece intuitivamente aceptable. Pero, ¿Qué tan fiable es un criterio basado en intuiciones ingenuas?

Aceptar crédulamente por autoridad delega el juicio propio al de la autoridad. Permite, en base a suposiciones, que la autoridad piense por uno. Pero, si dos cabezas piensan más que una, entonces mejor que piense cada uno, en vez de esperar que otro piense por cada uno. Es más, del libre intercambio de diversos juicios críticos e independientes, emerge un juicio crítico colectivo generalmente superior al juicio del individuo.(7)

Apelar a la autoridad apunta a subordinar el juicio al de la autoridad. En la medida que se lo subordina, la autoridad se libera de su responsabilidad de rendir cuentas. Cuando todos se subordinan a uno, éste ya no es ni cuestionado ni controlado por nadie. Así, el criterio ingenuo de autoridad permite, en principio, avalar cualquier cosa, lo que resulta problemático para la veracidad.

En resumen, es importante actuar sobre lo verdadero. Por eso, conviene discernir con juicio crítico propio. Para determinar lo corroborable como verdadero, los criterios de facticidad y coherencia resultan más fiables que los de introspección o de intuición ingenua. En fin, confiar es bueno, pero controlar es mejor.

suposiciones subyacentes

ruedasLa propia forma en que el cerebro funciona le permite detectar patrones automáticamente para entender y lidiar con el mundo. Asimismo, puede inferir causas y atribuir intenciones. Como consecuencia, puede intuir dimensiones ocultas de la realidad: desde las intenciones de las personas hasta propósitos ocultos en la naturaleza.(8)

Dando por cierta una intencionalidad en la naturaleza, se deduce que debe haber una mano oculta detrás de ello: alguna entidad misteriosa intencional que ordena y guía las cosas. La veracidad de esta suposición subyacente daría apoyo a la proposición de que Dios exista físicamente.

Si el universo y las cosas en él se crearan por un artesano divino, quedarían señales delatoras de él. Pero la naturaleza resulta ser tal como si no existiera ninguno: bajo la lupa crítica, no se observa evidencia de intención deliberada ni de propósito oculto preexistente.(9)

De hecho, la investigación genética revela más evidencia de procesos aleatorios que evidencia de adaptación por selección natural –pero cero evidencia de planificación inteligente.(10) La suposición subyacente de intencionalidad oculta en la naturaleza resulta infundada.

Cuesta más razonar críticamente sobre lo demostrablemente verdadero que razonar sobre suposiciones intuitivas –pero resulta más seguro. A primera vista, las suposiciones pueden parecer acertadas; pero si no, pueden conducir a conclusiones gravemente equivocadas. Por eso, solo se justifica sacar conclusiones hasta donde lo permitan los hechos relevantes.

La eficiencia teórica marca el camino general más directo para llegar a una explicación acertada: minimiza la cantidad de retiradas en la trayectoria total. Por lo tanto, entre explicaciones rivales que tienen la misma capacidad explicativa y predictiva, se favorece la más eficiente –con sólo la cantidad justa y necesaria de entidades causantes, principios, coeficientes, etc.(11)

Las explicaciones de cosmogénesis espontánea, basadas en la física fundamental, se adecuan más a la realidad y resultan menos complicadas que las explicaciones basadas en suposiciones intuitivas de mano oculta.(12) El postulado de una entidad causante intencional del universo ni se justifica ni se necesita.(13)

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conocimiento de Dios

Una descripción es acertada en la medida que coincide con los objetos que describe.(14) Si la descripción clásica de Dios coincide con su objeto correspondiente, entonces es acertada.(15)

Objetivamente, se conocen muchas cosas propiamente físicas. Por otra parte, se conocen muchos ejemplos físicamente realizados de propiedades.(16) Pero históricamente, no se conoce nada concreto que no sea o propiamente físico –o físicamente realizado.

El conocimiento directo de Dios se impide por la falta de un punto de referencia objetivo. Para ser objetivamente observable, debe interactuar causalmente con cosas físicamente constituidas –como con la luz, con los observadores, con los instrumentos, etc. Evidentemente, no se dispone ningún objeto físico con el cual interactuar. Por eso, nadie tiene conocimiento directo de Dios.

El conocimiento humano se realiza en las neuronas. La investigación neurocientífica cognitiva ha logrado entender las operaciones neuronales. Se conocen muchas influencias causales físicas –pero ninguna influencia causal no-física en las neuronas. Si hubiera alguna influencia causal no-física en las neuronas, ésto habría complicado los esfuerzos para entender las operaciones neuronales. El éxito de la neurociencia cognitiva lo desmiente.(17)

Si existiera un sexto sentido, u otro mecanismo paranormal que permitiera el conocimiento directo y privilegiado de Dios, entonces ya se hubiera descubierto tras tanto buscarlo. De hecho, la libre investigación del supuesto mecanismo extrasensorial revela que cuanto más rigurosos los controles sobre las condiciones experimentales, más débil resulta –hasta que se esfuma por completo.(18)

Lo atractivo del ideal divino puede inclinar a racionalizarlo, pero es irrelevante a la cuestión de su correspondiente existencia física. Asímismo, las apelaciones a la tradición, a la autoridad, o a las intuiciones, no apoyan la veracidad de la proposición de que Dios exista físicamente.(19)

Los argumentos presentados para el supuesto conocimiento indirecto de Dios resultan insostenibles bajo criterios de lógica normal.(20) Al fin y al cabo, son racionalizaciones justificativas que no logran dar apoyo a su existencia física.

Queda el modelo conceptual en sí, pero resulta incoherente.(21) Si no se dispone ningún objeto válido que estudiar, entonces no existen expertos legítimos justo en Dios.(22)

La falta de fundamento real identificable para el conocimiento de Dios sugiere su irrealidad, aunque no es concluyente por sí misma.

Dios: el modelo contrastable

En principio, una entidad teórica inobservable puede contrastarse en la medida que influye en cosas físicamente constituidas. Así, por sus consecuencias, se toma conocimiento indirecto de algunos objetos físicamente constituidos –pero no directamente observables.(23)

Resulta que los atributos declarados del concepto clásico de Dios tienen consecuencias e implicaciones lógicas que forman un modelo teórico contrastable. Sometiendo dicho modelo teórico a los rigores de la prueba experimental permite determinar, con un alto grado de fiabilidad, si es verdadero –o no.

A lo largo de los siglos, los instrumentos y técnicas de investigación han mejorado considerablemente. Si Dios existiera físicamente, ya se debería haber detectado evidencia contundente en apoyo de sus atributos declarados –y más aún dado el colosal esfuerzo para confirmarlo. La ausencia de evidencia observable, donde lógicamente debe haberla pero no la hay, es evidencia válida de su ausencia.(24)

En principio, lo teórico se considera falso –hasta que se demuestre lo contrario. Algunas entidades teóricas inobservables ganan su credibilidad provisional superando la prueba experimental. Bajo la lupa crítica, el modelo teórico del concepto clásico de Dios no supera la prueba experimental. En definitiva, este modelo queda refutado más allá de toda duda razonable.

testimonios religiosos ojos

El poder –y relativo privilegio– de los líderes se deriva de la subordinación de sus fieles seguidores. Así, los líderes religiosos tienen motivos reales para justificar e idealizar la creencia en Dios.

Tal como el vendedor que necesita promover la creencia en el producto que vende, el líder religioso necesita promover las creencias de su culto. Dichos motivos afectan la objetividad de los líderes, socavando la credibilidad de sus testimonios que involucran sus intereses.(25)

Los compromisos de los seguidores religiosos socavan la credibilidad de sus testimonios al respecto. Para satisfacer su deseo de pertenecer, los seguidores deben subordinarse al pensamiento de los líderes. El compromiso de las convicciones religiosas inclina más a confirmarlas que a examinarlas crítica y objetivamente.(26) Si, por conflicto de intereses, son poco válidos los testimonios de los líderes religiosos sobre las creencias de su culto, menos aún lo son los de sus fieles seguidores, ya que sólo hacen eco del pensamiento del líder.

otras consideraciones

Las creencias propias influyen en uno mismo. Pero los efectos producidos por una creencia no significan que la proposición creída sea verdadera. Por ejemplo, la creencia en una mala noticia que resulta en un dolor de cabeza, y recién después se revela falsa.

La creencia popular en una proposición no significa que sea verdadera. En muchas culturas, se valora más el conformismo que el juicio propio y la diversidad de pensamiento. Hasta en las proposiciones más inverosímiles, la opinión y actitud mayoritarias motivan a la conformidad al grupo.(27) Así, un simple autoengaño puede volverse colectivo.

Para justificar la creencia en la existencia física de Dios, deben relajarse los criterios a tal punto que terminan justificando creer en un sinfín de dioses. Para ser consecuente, los criterios utilizados deben aplicarse a cada proposición relevantemente idéntica.

Se puede formular un sinfín de modelos incontrastables de dios. Tales entidades teóricas no influyen en lo físico e independiente de cada uno. Diluidos hasta tal punto, son irrefutables. La irrefutabilidad del modelo teórico no significa que sea verdadero, sino que es tan débil que no permite determinar su veracidad.(28)

Un examen crítico de la proliferación histórica de distintos dioses, revela su origen humano. Son creaciones tan diversas como sus respectivos autores –cada uno con sus rasgos culturales distintos.(29) Además, la autonomía del individuo, evidente en las elecciones personales y libre iniciativa, contradice el supuesto plan de cualquier ser supremo –efectivamente negándolo.(30)

 

resumen

Para estar seguros sobre la existencia de Dios, debemos examinarlo con criterios fiables. Cuanto más certeros se demuestran los criterios a utilizar, mejor funcionan –y más fiables se evidencian.

Para determinar lo corroborable como verdadero, los criterios de facticidad y coherencia resultan más fiables que los de introspección o de intuición ingenua. Al fin y al cabo, la existencia de Dios es una cuestión de hechos.

La proposición de que Dios exista físicamente es extraordinaria, porque se trata de la fisicalidad de una entidad teórica, intencional y oculta. Si a este modelo conceptual se le atribuye la omnisciencia –sin una base física en la cual realizarla– se vuelve una proposición súper extraordinaria. Como tal, la carga de prueba es correspondientemente alta.(31)

Nadie tiene conocimiento directo de Dios. Pese a nuestros presentimientos e intuiciones, el conocimiento indirecto de Dios se revela carente de fundamento real identificable. Cuánto más fiables son los criterios para la evaluación del conocimiento indirecto de Dios, menos apoyo da a su existencia física.

Bajo la lupa crítica, el modelo teórico del concepto clásico de Dios resulta incoherente. Significativamente, dicho modelo teórico es contrastable, pero no supera la prueba experimental.

En cambio, la proposición de que Dios es una idea resulta bastante más ordinaria. Se ha demostrado que el cerebro humano es capaz de intuir intenciones, de concebir entidades ocultas y de atribuirles las intenciones intuidas. La historia de los dioses revela sus autores humanos. Es más, un modelo del universo sin Dios resulta más probable –y teóricamente más eficiente.

Por inferencia a la mejor explicación, gravitamos hacia una conclusión inevitable: Dios se originó en el cerebro humano.

La idea de Dios puede cobrar vida en el arte. Y por cierto la creencia en ello puede influir en la conducta. Pero, por más inspirador que sea, no deja de ser una ficción.

La fiabilidad de los criterios utilizados y la preponderancia de la evidencia relevante justifican un alto grado de confianza en que la idea de Dios carece de un objeto físico correspondiente.(32) Es comparable con nuestra confianza en que la fuerza gravitacional de la tierra seguirá funcionando.

borrador al 02 ene. 2012. Para revisión crítica. Carmen Chase

referencias

1. Específicamente, se trata de la existencia física correspondiente al concepto clásico monoteísta de Dios, conforme con las “sagradas” escrituras. Es una cuestión de hechos. No confundir con la proposición de que sean reales los efectos en la conducta del creyente a consecuencia de su creencia en ello, ni con lo atractivo de éste u otro modelo conceptual idealizado, ni con la proposición de que el concepto “cobre vida” en el arte, ni con consecuencias sociales a largo plazo por la generalización de la creencia en ello y actitudes concomitantes: son temas aparte.
2. Para que los criterios a utilizar conduzcan a creencias objetivamente verdaderas, se propone la condición validadora de fiabilidad demostrable, a modo de sobre-control en los propios criterios justificativos. Por “creencias objetivamente verdaderas” entiéndase descripciones acertadas de realidad objetiva. Alvin Goldman, resume su fiabilismo original así: “el estado justificativo de una creencia es una función de la fiabilidad del proceso, o los procesos, que la causan...” (véase “What Is Justified Belief?” (Epistemic Justification, 1979, p. 95). Para contrastar diversas teorías de justificación, vease The Oxford Handbook of Epistemology, Theories of Justification, Fumerton, (Oxford University Press, 2002), cap. 6, pág. 220.
3. El prestigio del experto en tal o cual tema se basa en su gran cuerpo de conocimiento en la especialidad válida relevante al tema tratado: véase “Nonsense on Stilts”, Massimo Piliucci, (The University of Chicago Press, 2010), pág. 293. Cabe diferenciar entre “autoridad cognitiva” y por otra parte “autoridad administrativa”: véase “Informal Logic: A PRAGMATIC APPROACH”, 2nda edición, por Douglas Walton (Cambridge University Press, 2008), página 211. Si una opinión experta difiere de otras en la misma especialidad respectiva, no significa automáticamente que la disidente se equivoca: a veces ocurre que los expertos siguen irreflexivamente a un solo gurú en su especialidad, y éste se puede equivocar –o incluso puede ser un experto “comprado”. Si todos piensan exactamente lo mismo, bien puede ser que no todos piensan.
4. “In Defense of A Posteriori Minimal Physicalism”, Taeryang Kim (University of Rochester, N.Y. 2011), sección 1.1. Para un ensayo juicioso sobre la objetividad “In Defence of Objectivity and Other Essays”, Andrew Collier (Routledge, 2003), capítulo 10.
5. Es decir, resulta poco fiable para determinar los hechos objetivos. Además sólo utiliza las facultades propias del cerebro, como la memoria, que son falibles, más aún en cadena. Para un tratado juicioso sobre la introspección, ver “Epistemology: A contemporary introduction to the theory of knowledge”, 2nd ed., Robert Audi, (Routledge 2003), pág. 78-91, y “The New Skepticism: Inquiry and Reliable Knowledge”, Paul Kurtz, (prometheus books 1992), cap. 4.
6. Efectivamente, se auto-justifica en base a suposiciones intuitivas (por ej. de superioridad, de infalibilidad, de benevolencia paternal, etc. ). Un criterio o proceso justificativo de “fe”, en el sentido religioso de aceptación irreflexiva idealizada, vendría a ser algo como una variante sagrada del criterio ingenuo de autoridad. Por “fe” se puede aceptar prácticamente cualquier cosa.
7. Por ejemplo, en la toma de decisiones, estimaciones, etc... Ver “Cien mejor que uno”, James Surowiecki, (URANO, 2004), página 33.
8. Véase: “SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable”, Bruce M. Hood, (HarperOne abr. 2009), cap. 3.; Why Would Anyone Believe in God?”, Justin Barrett, (AltaMira Press, 2004); “RELIGION EXPLAINED” Pascal Boyer, (Basic Books 2001). También “The Believing Brain”, Michael Shermer, (Times Books, 2011), cap. 4 “Patternicity” y cap. 5 “Agenticity”. Este último entra en gran detalle neurocientífico.
9. Para ilustrar, investigando se descubren las razones por las cuales las hojas del árbol se abren al sol. Pero dichas razones no tienen dueño: no están representadas en alguna supuesta psique arbórea que pensara en ellas. Así, no se justifica atribuirle al árbol la intención consciente, ni suponer que el árbol ha adoptado ese propósito tras una larga deliberación. Para un tratado clásico sobre la suposición intuitiva de intencionalidad en la naturaleza, ver “El Relojero Ciego”, Richard Dawkins (Editorial Labor).
10. “Has Science Found God?”, Victor Stenger, (Prometheus Books 2003) cap. 4.
11.véase principio de parsimonia –justificación teórica de. También conocido como la Navaja de Ockham.
12. “Has Science Found God?”, Victor Stenger, (Prometheus Books 2003) cap. 6 y 12. A nivel subatómico, las intuiciones de causa y efecto resultan desacertadas. La relación de indeterminación de Heisenberg o principio de incertidumbre permite la aparición espontánea e incausada de energía en un vacío –sin violar la conservación de energía. Dicha aparición espontánea e incausada de energía explica, en forma relativamente eficiente, una chispa inicial del universo, conforme con la física moderna. La premisa de que “todo tiene causa” se basa en una suposición errónea. También ver Vilenkin 1988 y también falso vacío.
13. Los físicos teóricos Hawking y Mlodinow afirman en su libro The Grand Design (editorial Bantam, 2010) que el postulado de un creador sobrenatural es innecesario.
14. La veracidad de una proposición radica en su correspondencia con los objetos a los que se refiere. La teoría de la correspondencia de la verdad o adecuación –la noción más extendida de verdad.
15. Dios se define como “ser supremo que en las religiones monoteístas es considerado hacedor del universo”: diccionario RAE 22º edición. Este ensayo trata la supuesta existencia física de la entidad teórica, oculta e intencional “Dios” con D mayúscula –conforme con los atributos declarados en las “sagradas” escrituras. Dicho concepto clásico de Dios no debe confundirse con un estado mental (por ej. la tranquilidad), ni tampoco con una personificación de la naturaleza ni del universo.
16. Propiedad en sentido amplio: propiedad situacional, relacional, funcional, etc... Por ej., la propiedad de estar tranquilo en este sentido amplio equivale el estado mental de tranquilidad. Considere que la propiedad de la fotosíntesis se realiza físicamente en las plantas; asimismo, la propiedad de la consciencia se realiza físicamente en las redes neuronales del cerebro, etc... Lo físicamente realizado, en última instancia, requiere de lo físico.
17. La historia de la neurociencia moderna revela gran cantidad de casos de efectos en el cerebro por causas físicamente constituidas –químicas, electricidad, fuertes campos electromagnéticos– pero ningún caso de efectos en el cerebro por causas no-físicamente constituidas. Por físico, entiéndase definible y condicionado, provisionalmente, por lo que revela la física fundamental –o bien que superviene de lo físico. Véase “A Physicalist Manifesto”, Andrew Melnyk, (Cambridge University Press, 2003).
18. “The Believing Brain”, Michael Shermer, (Times Books, 2011), cap. 7. Cabe recalcar la falta de fundamento real identificable para el supuesto mecanismo extrasensorial. También ver "Paranormality", (Macmillan, 2011), que examina la sicología al respecto.
19.“Lógica informal: falacias y argumentos filosóficos”, Juan Manuel Comesaña, 2nda de., (Eudeba 2001), pág. 65.
20. “Atheism: a Philosophical Justification”, Michael Martin (Temple University Press 1990); ver también “The Impossibility of God”, Michael Martin y Ricki Monnier editores (Prometheus Books, 2003).
21. Para un compendio de los atributos contradictorios del modelo teórico del concepto clásico de Dios, véase “The Impossibility of God”, Michael Martin y Ricki Monnier editores (Prometheus Books, 2003). Por otra parte, el modelo fosilizado en las “sagradas” escrituras, ya no es externamente coherente con lo grueso de conocimiento fiable. Por ej. el atributo de omnisciencia implica una mente. Los procesos mentales se realizan en las redes neuronales. Si también se le atribuye la inmaterialidad, ¿en qué cosa se realizan los procesos mentales para la omnisciencia? Aún re-formulando un nuevo modelo teórico divino que resultara coherente internamente y externamente con la ciencia moderna, no significa que sea, de hecho, una descripción acertada de algo físicamente constituido. Para determinar si existe físicamente o no, debe ser contrastable.
22. La calidad de experto se valida por el gran cuerpo de conocimiento corroborable como verdadero en un estrecho campo de especialización válida correspondiente. Pero nadie tiene conocimiento corroborablemente verdadero de Dios. No es lo mismo una introspección, vocecita interior (percibida como de tercero) o intuición personal sobre una entidad teórica intencional que la observación objetiva de ello. Por otra parte, el concepto clásico de Dios tampoco es un constructo lógicamente válido. Pueden ser unos tecnicismos, pero con implicaciones: e.g. si nadie tiene autoridad cognitiva en Dios, entonces en principio, la opinión inexperta de uno vale igual que la opinión inexperta de otro. Asimismo, la validez de la especialidad de teodicea vendría siendo similar a la de la astrología.
23. Por ej. el neutrino. Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Neutrino
24. La ausencia de evidencia en sí no significa automáticamente evidencia de ausencia: por ej. la ausencia de evidencia por haberla pasado por alto, deliberadamente, a fin de evitar el riesgo de ser refutado –o para descartarlo arbitrariamente. O el caso de una ausencia de evidencia por no buscarla donde corresponde. Pero ninguno de estos es el caso del concepto clásico de Dios: 1. es perfectamente contrastable por los atributos declarados en las “sagradas” escrituras; 2. hace siglos que se busca, encarecidamente, la evidencia –justamente donde debe haberla por las consecuencias lógicas de los atributos declarados; 3. tras siglos de desvivirse por confirmarlo, con técnicas de investigación cada vez más certeras, el modelo teórico de un Dios judeo-cristo-islámico clásico sigue falsado en cada uno de sus atributos contrastables. véase “God – the Failed Hypothesis: How Science Shows that God Does Not Exist”, Victor J. Stenger, (Prometheus Books 2007).
25. Por analogía, considera el vendedor de autos usados. El interés de vender su producto afecta la objetividad de sus testimonios sobre los productos que vende. Peor aún, un vendedor que exige, como dogma de fe, creer en el producto inobservable que pretende vender. Un examen crítico e independiente del producto resulta más fiable que el testimonio de quien gana algo por venderlo.
26. Ver Sesgo de confirmación.
27. Vease Asch, S. E. (1951). Effects of group pressure upon the modification and distortion of judgements.
28. Considera el Dragón teórico suprasensible, planteado en “El Mundo y sus Demonios”, Editorial Planeta, S. A., 2000.): “Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento concebible válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluto a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo le he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.” pág 166. Por otra parte, un modelo teórico que no influye en nada concreto, resulta irrelevante para tratar lo concreto.
29. Véase “The Believing Brain”, Michael Shermer, (Times Books, 2011), cap. 8. Las innumerables variantes son justamente lo que se esperaría, dado que nadie tiene conocimiento verdadero de Dios. En el fondo, las descripciones especulativas se basan más bien en las intuiciones personales –y tal– de sus autores.
30. “Positive Atheism”, Gora (Bhavana Printers 1972, India), cap. 2, pág 23.
31. Cuánto más insólita la proposición, más le corresponde al proponente probarla. ver Onus Probandi.
32. El ateísmo positivo: la creencia que Dios no existe físicamente, es decir una idea sin objeto físico correspondiente. Una posición atea ( o “ateísta”) más débil es la descreencia de la proposición de que Dios –con “D” mayúscula– exista físicamente.

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