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La chispa que impulsa a respirar, o mover una pierna, nace desde adentro. La chispa impulsora es innata y universal: emergente de todo organismo vivo. Como consecuencia, cada uno es, en el fondo, autor de su propia voluntad y esfuerzos.
La libre voluntad se evidencia en las elecciones personales de la vida cotidiana. De no ser por la libre voluntad, se viviría como una simple máquina: no se podrían hacer planes, ni existiría la intención, ni la libre iniciativa, ni tampoco sería posible la moralidad.*
El argumento de la predestinación es autocontradictorio: el acto de negar la autonomía del individuo delata una elección. Y poder eligir presupone la libre voluntad y la autonomía del individuo.
Las creencias –fundamentadas o no– pueden afectar la voluntad y repercutir en los esfuerzos del individuo. Entonces, ¿Por qué motivo creer en un destino irremediable?
· La previsibilidad: La rutina da la sensación de previsibilidad. Resulta cómodo imaginar lo mismo todos los días. La mente se inclina más hacia la previsibilidad y orden porque el cerebro está naturalmente predispuesto a interpretar en mundo en términos de patrones, propósitos y causalidad: cuesta más lidiar con la incerteza del caos y de la aleatoriedad.
· El concepto unilineal del tiempo: El tiempo suele considerarse como un solo hilo –una noción respaldada por mecanismos de medición y ciencia ficción. Pero el tiempo es más bien el modo de sucederse los sucesos que ocurren en las cosas: presupone cosas concretas (Leibniz). Más aún, el pasado se remonta en la memoria y el futuro en la anticipación de lo que podría tener lugar; en realidad, sólo existe un presente eterno y cambiante. El tiempo no tiene ninguna dirección fundamental. Partiendo de la noción intuitiva de tiempo unilineal, se puede imaginar el futuro como una enorme cadena de dominós: predeterminado e imparable.
· Plan divino: La mente humana naturalmente busca patrones, orden, propósito, causalidad. Se acostumbra ver propósito en la vida cotidiana; por eso resulta natural intuir un propósito oculto detrás de los sucesos naturales. Dando por hecho un propósito oculto en la naturaleza, se infiere que debe haber una inteligencia oculta detrás de ello. La noción de plan divino le puede dar significado al fiel honesto porque presupone que necesita ser dirigido. Además, un plan divino resulta más tranquilizador que la ansiedad causada por la aleatoriedad y caos.
Sin embargo, lo que se observa en la naturaleza es exactamente lo que se esperaría observar si no existiera ningún plan premeditado o propósito preexistente. Aunque parezca intuitivamente plausible, la explicación de plan divino es fallida.**
· El orden “natural”: En diversas culturas, las relaciones socioeconómicas vigentes se justificaban como “naturales”. Por ejemplo, los amos justificaban la esclavitud como el orden natural: según ellos, era el destino natural de algunos ser esclavos, y de otros ser amos. Hace siglos, sería el destino del hijo seguir el oficio de su padre, seguir el orden “natural”. Pero las relaciones socioeconómicas y formas de vida son culturales, y la cultura humana se modifica acorde las necesidades de la humanidad: es un invento humano –no predestinado.
· El facilismo: Resulta más fácil dejarse guiar, fiarse a ciegas, esperar que otro decida prudentemente y haga bien por uno. Además cuando otro se hace cargo, se libera de la responsabilidad personal.
· El determinismo causal: Uno se acostumbra ver relaciones causales; por eso se intuye que todo efecto tiene causa. De hecho, el determinismo causal dominó las ciencias hasta el surgimiento de la mecánica cuántica, que surgiere que las leyes más fundamentales que gobiernan el universo son probabilísticas***. La aplicación actual del determinismo causal es limitada. Por lo tanto, conviene tomar las relaciones causales en términos probabilísticos, no certezas determinantes.
· Ideología autoritaria: La cultura autoritaria necesita la subordinación de los individuos. Como consecuencia, su ideología fomenta la dócil resignación y subordinación a algo intuido o imaginado ser superior –sea un destino irremediable, una totalidad ordenada, una “fuerza superior” misteriosa, la supuesta voluntad de algún ente incorpóreo. Resultan ser conceptuales, sin contrapartida real. Y las instituciones son creaciones de individuos humanos: pueden ser creadas, modificadas, o directamente tachadas.
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Un examen crítico de los motivos para creer en un destino irremediable revela que son ilusiones que terminan socavando la libre voluntad e iniciativa independiente. Como consecuencia, alienta a la dócil resignación, inacción y subordinación de juicio propio.
¿Quién se beneficia de la creencia en un destino irremediable –o plan divino?
Ante el desafío de conflictos y necesidades, urgen soluciones creativas y prácticas. Los logros importantes nacen del esfuerzo activo e iniciativa independiente; por eso, corresponde fomentarlos para avivar la capacidad solucionadora. En cambio, la creencia en un destino ilusorio, resulta perjudicial, porque ahoga la libre iniciativa y esfuerzo activo. Como consecuencia, los creyentes en él tienden lograr menos.
La dócil subordinación de la mayoría resulta en la entrega de su legítimo poder a una minoría. Una minoría termina disponiendo de la suma total de poder entregado por la mayoría. Así, la minoría queda en una situación indebidamente privilegiada –y la mayoría en una relación de tutela.
La subordinación de la mayoría puede ser utilizada para los fines de la minoría. El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente. La dócil subordinación es insidiosa porque termina abriendo la puerta al abuso de poder y corrupción; por eso, corresponde resguardar contra ella –exigir el bien y reclamar el mal.
La voluntad humana puede superar la adversidad. El individuo no siempre logrará lo que aspire: lo acompañan sus prójimos, sucesos y cosas que a su vez le pueden resultar favorables, adversas o indiferentes; sin embargo, de todas las fuerzas en juego, su esfuerzo activo es enteramente suyo y el factor más influyente en el rumbo de su vida. Con la fuerza de su voluntad, puede dirigir y ajustar las otras fuerzas para su propósito. El resultado final de sus acciones se conforman con sus deseos en la medida que su empeño es firme y fuerte en comparación con las otras fuerzas. El esfuerzo activo y libre iniciativa frustran la previsibilidad.
El esfuerzo activo e iniciativa independiente resultan más prácticos que la superstición y consecuente resignación. Por eso, corresponde despertar la sensación de libertad en cada uno. El futuro depende de la voluntad y perseverancia humana.
Redacción provisoria: Carmen Chase, 23 ago. 2010
*Positive Atheism, capítulo 2, Gora, India 1972
** “God – the Failed Hypothesis: How Science Shows that God Does Not Exist”, Victor J. Stenger, (prometheus books 2007)
*** “Processes and Causality” by John F. Sowa, retrieved Dec. 5, 2006.
http://www.jfsowa.com/ Tambien Relación de indeterminación de Heisenberg
“Dado que la volición es una facultad mental y puesto que todo lo mental tiene lugar en el cerebro, para averiguar si el libre albedrío es real tenemos que cambiar el centro de atención de la teología y filosofía especulativa al estudio del cerebro humano. En especial, hemos de mirar en la corteza prefrontal, de la cual se sabe que realiza las llamadas funciones ejecutivas. El primer científico moderno en atacar el problema del libre albedrío y sostener que puede ser resuelto por la neuropsicología fue Donald O. Hebb**. Hebb argumentaba que las investigaciones anatómicas de Cajal, así como los datos electroencefalográficos, había mostrado que el cerebro es más que una repetidora entre los receptores y los efectores: que está activo de manera continuada, aun durante el sueño y que siempre añade algo a la señal que ingresa en él.”***
“La propia investigación de Hebb sobre la privación sensorial confirmó estos estudios: mostró que la estimulación externa distorsiona la acción continuada del cerebro, pero que no es su única fuente. Podemos experimentar deseos e imágenes y formar intenciones y planes de manera espontánea, o sea en ausencia de estimulación externa. Puesto que <libre albedrío es el control de la conducta por el pensamiento> (Hebb, ibídem., p. 139) y dado que no todo pensamiento ocurre en respuesta a causas externas, el libre albedrío es un hecho biológico, no una ilusión. Desde luego, puede ser tanto atenuado como potenciado por la educación y las circunstancia sociales, pero no más que otras facultades y procesos mentales.” Hebb, Donald O. 1980. Essay on Mind. Hillsdale, NJ, Lawrence Erlbaum, citado por Bunge, Mario. 2007. A la Caza de la Realidad, Gedisa Editorial, p. 340 |
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“La humanidad, en la medida que no es sujeta a las fuerzas naturales, está libre para elaborar su propio destino. La responsabilidad es suya, y así también la oportunidad.”
Bertrand Russell, "Is There a God?" (¿Existe un dios?) comisionado por, pero jamás publicado en, Illustrated Magazine (1952: repr. The Collected Papers of Bertrand Russell, Volume 11: Last Philosophical Testament, 1943-68, ed. John G Slater and Peter Köllner (London: Routledge, 1997), pp. 543-48, quoted from S T Joshi, Atheism: A Reader. Traducción: Carmen Chase |
“El ateísmo libera la mente de las ilusiones de control por el destino divino, determinismo causal o circunstancias materiales.”
Gora, 25 sep 1971, The Need of Atheism (la Necesidad del Ateísmo), Capítulo 7. Traducción: Carmen Chase |
“El ateísmo tiene implicaciones de gran alcance para la condición humana. En la ausencia de la creencia en dios, los objetivos éticos deben determinarse por los intentos e inquietudes seculares, los seres humanos deben asumir la responsabilidad por su destino, y la muerte marca el final de la existencia de una persona.”
Michael Martin, Entrada en la Enciclopedia Encarta 1998. Traducción: Carmen Chase |
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