Hacia una cultura de innovación

 

Ante el desafío de conflictos y necesidades, urgen soluciones creativas y prácticas. La creatividad es fundamental para solucionar, innovar y mejorar. Siendo así, deben cultivarse las condiciones propicias para fomentarla.

Amabile y Gryskiewicz (1989) y después Witt y Beorkrem (1989) identificaron las siguiente “influencias situacionales sobre la creatividad”: la libertad, autonomía, buenos modelos de conducta y recursos (tiempo inclusive), aliento específicamente a la originalidad, libertad de criticismo, y “normas en las cuales la innovación se valora y el fracaso no es fatal” (Witt & Beorkrem, pp. 31–32).

En una cultura de innovación, se respira libertad e igualdad. No queda en el reconocimiento legal de la autonomía de cada uno, sino que se esfuerza por la máxima libertad en el marco de una funcionalidad social práctica, porque la sensación de libertad y autonomía favorecen la creatividad e iniciativa independiente. La sensación de libertad desencadena la iniciativa independiente y libera el potencial creativo interior. Habilita a cada uno a forjar su vida y sostiene su dignidad. Una cultura de innovación coincide con una cultura que apunta a la libertad e igualdad.

Una cultura de innovación fomenta las condiciones necesarias para la plena autorrealización, para que cada uno alcance su máximo potencial creativo y capacidad solucionadora. No solo tolera la individualidad, sino que cultiva la diversidad de opiniones y pensamiento creativo. Alienta al juicio crítico independiente y originalidad. Valora y reconoce el esfuerzo y perseverancia como claves al éxito. Y por supuesto, premia las soluciones prácticas y creativas.

Una cultura de innovación utiliza la experiencia, inteligencia crítica y método experimental como medios para las soluciones creativas y prácticas. Se manifiesta en la acción inteligente: el pensamiento se mantiene unido a la cadena de acciones-consecuencias. Por lo tanto, una cultura de innovación es flexible, dinámica y práctica.

 

inspirada

La capacidad de la especie humana de entender, controlar y aprovechar su entorno cambiante le brinda más que la adaptabilidad: la habilita a ser artífice de su destino. Mientras los rumiantes se someten pasivamente al clima y a los peligros de su entorno, los humanos pueden construir un amparo del clima y hacer un amigo del fuego. La brillantez humana radica en su capacidad de lograr soluciones prácticas y creativas.

Los logros importantes nacen de la iniciativa independiente y del esfuerzo activo. Los individuos autodirigidos tienden a manejar mejor cada situación, porque tienden a esforzarse más. Ni se entregan, ni se quedan en el fracaso: perseveran. Cada experiencia sirve como base para mejorar los procesos en futuras tentativas. Persistir es lograr: dejar de intentar ya es fracasar.

El aire de resignación, súplica y queja pasiva, inherentes en las plegarias a Dios y solicitudes al gobierno desentonan con una cultura de innovación. Puede lograr más un equipo de solucionadores perseverantes con juicio crítico propio, que un equipo de sumisos, controlados por autoridad supuestamente incuestionable.

Es más, del libre intercambio de diversos juicios críticos e independientes, emerge una juicio colectivo generalmente superior al juicio del individuo.* Para grandes soluciones práctica y creativas, valen más el juicio colectivo que la subordinación irreflexiva al juicio de uno solo.

 

Los individuos son la base de toda civilización, creando los apoyos y sistemas sociales para facilitar la tranquilidad y libre asociación. Los solucionadores autodirigidos reconocen que el mejor apoyo es el apoyo mutuo por medio de un cuerpo colectivo. Al mismo tiempo, son políticamente activos porque reconocen que para el auto-gobierno, el pueblo es el amo y los gobiernos son los sirvientes reclamables.

En una cultura de innovación, se enfrentan los desafíos sin miedo. Se ocupa más en la acción inteligente que en la contemplación pasiva. Se abren caminos a cada vuelta con nuevas iniciativas. Los solucionadores autodirigidos rara vez repiten los errores de la historia, porque no se quedan en las indagaciones después de los hechos.

Los solucionadores autodirigidos también tienen su imaginación e ideales, pero los distinguen de los hechos concretos con su objetividad y juicio crítico propio. Como consecuencia, se enfocan en la mejora continua del más acá real –no en la esperanza pasiva de una recompensa en un más allá imaginario.

Una cultura de innovación no se estanca en la satisfacción egoísta, sino que se ocupa de fomentar la conciencia social y mejorar la calidad de vida de todos. La pobreza, violencia y discriminación desentonan con una cultura de innovación.

Con conciencia social, la creatividad puede ser utilizada para fomentar cada vez más las condiciones propicias para el desarrollo de la capacidad solucionadora y la realización del potencial creativo de cada uno. Así, una cultura de innovación socialmente consciente apunta a la mejora continua de la condición humana. Todos pueden aportar y beneficiar.

Una cultura de innovación se manifiesta en la acción inteligente: aprovechando viento, agua y tierra apunta a la mejora continua de la condición humana. Su método es transparente; su medio es el esfuerzo activo; su fuerza motora es la libertad.

borrador al 7 dic. 2010, Carmen Chase

* Por ejemplo, en la toma de decisiones, estimaciones, etc... Ver “Cien mejor que uno”, James Surowiecki, (URANO, 2004), página 33.

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