El consecuencialismo

Philip Pettit

1. Definición de consecuencialismo

Todas las teorías morales, las teorías sobre lo que deben hacer los individuos o las instituciones, contienen al menos dos elementos diferentes. En primer lugar, cada una de ellas presenta una noción de lo que es bueno o valioso, aún cuando no todas ellas lo hagan explícitamente e incluso se resistan a hablar del bien: cada una de ellas presenta una noción de qué propiedades debemos desear realizadas en nuestros actos o en el mundo en general. Una teoría como el utilitarismo clásico afirma que la única propiedad que importa es la de en qué medida gozan de la felicidad los seres sensibles. Una teoría del derecho natural afirma que la propiedad que importa es el cumplimiento de la ley de la naturaleza. Otras diversas teorías proponen que lo que importa es la libertad humana, la solidaridad social, el desarrollo autónomo de la naturaleza o una combinación de estos rasgos. Las posibilidades son infinitas, pues puede decirse que la única limitación comúnmente reconocida es la de que, para ser valiosa, una propiedad no debe referirse de forma esencial a una persona o ámbito particular; debe ser un rasgo universal, capaz de ser realizado aquí o allí, con este individuo o con aquél.

En ocasiones este primer componente de una teoría moral se denomina una teoría del valor o una teoría del bien. El segundo elemento que supone toda teoría moral a menudo suele describirse de forma paralela como una teoría de lo correcto. Es una concepción no sobre qué propiedades son valiosas sino sobre lo que deberían hacer los individuos y las instituciones para responder a las propiedades valiosas. En función de la idea que se adopte sobre esta cuestión, las teorías morales suelen dividirse en dos tipos, las consecuencialistas y las no consecuencialistas, o bien, por utilizar una terminología más antigua, las teleológicas y las no teleológicas: en ocasiones las no teleológicas se identifican con las deontológicas, y en ocasiones se consideran representadas exclusivamente por éstas. Este ensayo se refiere a las teorías consecuencialistas, como teorías de lo correcto, pero no a una teoría particular del valor o del bien.

Supongamos que, en un momento de entusiasmo intelectualista, decido que lo que importa por encima de todo en la vida humana es que la gente comprenda la historia de su especie y de su universo. ¿Cómo debo yo responder a este supuesto valor? ¿Es mi responsabilidad primordial reconocerlo en mi propia vida, testimoniando la importancia de esta comprensión por mi dedicación en cuerpo y alma a él? ¿O bien mi principal responsabilidad es más bien fomentar esta comprensión en general, por ejemplo dedicando la mayor parte de mi tiempo al proselitismo y la política, dedicando sólo las horas que no puedo aplicar mejor al desarrollo de mi propia comprensión? ¿Es la respuesta adecuada al valor la de fomentar su realización general, honrándolo en mis propias acciones sólo cuando nada mejor puedo hacer por fomentarlo?

Una vez más, supongamos que decido que lo que importa en la vida no es algo tan abstracto como la comprensión intelectual sino más bien el disfrute de las lealtades personales, tanto las de carácter familiar como amistoso. También aquí se plantea la cuestión de cómo debo responder a semejante valor. ¿Debo honrar el valor en mi propia vida, dedicándome al desarrollo de los vínculos familiares y de amistad? ¿O bien sólo debería permitirme semejante dedicación en la medida en que forma parte del proyecto más general de fomentar el disfrute de las lealtades personales? ¿Debo estar dispuesto a utilizar mi tiempo de la manera más efectiva para ese proyecto aun si su coste -por ejemplo, el coste de dedicar tanto tiempo al periodismo y la política- supone una grave tensión a mis lealtades personales?

Estos dos ejemplos pertenecen al ámbito de la moralidad personal, pero se plantea la misma cuestión en el ámbito institucional. Supongamos que llega al poder un gobierno liberal, un gobierno principalmente interesado en que la gente goce de libertad. Un gobierno así, ¿debe respetar escrupulosamente la libertad de la población en su propia política, evitando cualquier interferencia que recorte esa libertad? ¿O bien debe llevar a cabo todas las medidas, incluidas ciertas medidas contra la libertad, que permitan un mayor grado de libertad en general? Imaginemos

que se forma un grupo que empieza a agitar en favor de la vuelta a un gobierno autoritario, por ejemplo un gobierno asociado a una influyente tradición religiosa. Imaginemos, por poner las cosas más difíciles, que este grupo tiene una oportunidad real de éxito ¿Debería este gobierno permitir al grupo la continuación de sus actividades, en razón del respeto a la libertad de la población de formar las asociaciones que deseen? ¿O bien debería prohibir al grupo, en razón de que si bien esta prohibición recorta la libertad de la población, permite disfrutar de un mayor grado de libertad general? Esto significa que no habrá vuelta a una sociedad no liberal.

El consecuencialismo es la concepción según la cual, sean cuales sean los valores que adopte un individuo o una institución, la respuesta adecuada a estos valores consiste en fomentarlos. El individuo debe respetar los valores sólo en tanto en cuanto su respeto forma parte de su fomento, o bien es necesario para fomentarlos. Por otra parte, los adversarios del consecuencialismo afirman que hay que respetar al menos algunos valores tanto si con ello se fomentan como si no. Los consecuencialistas consideran instrumental la relación entre valores y agentes: se necesitan agentes para llevar a cabo aquellas acciones que tienen la propiedad de fomentar un valor perseguido, incluso acciones que intuitivamente dejan de respetarlo. Los adversarios del consecuencialismo consideran que la relación entre valores y agentes no es instrumental: se exige a éstos -o al menos se les permite- que sus acciones ejemplifiquen un valor determinado, aun cuando esto cause una inferior realización del valor en general.
Esta forma de presentar la distinción entre consecuencialismo y no consecuencialismo, por referencia sólo a agentes y valores, es inusual pero confío en que resulte intuitiva. Un inconveniente que tiene es que no define minuciosamente la idea de fomentar un valor, y menos aún la idea de respetar un valor. En la próxima sección se palia en cierta medida este fallo (esa sección será demasiado filosófica para muchos, pero puede leerse por encima sin perder gran cosa).

-> pasar a parte 2 de 4 ->

política patrocinadores objetivo descargas enlaces
**********************************************************************************************