La autodirección consciente

 

¿Puede ser ético un individuo autodirigido?

Si no se deja guiar por una autoridad incuestionable, si cuestiona su incuestionabilidad? ¿puede ser respetablemente honesto a la vez que libre?

Por la interacción social y empatía, se desarrolla naturalmente la capacidad de imaginarse en el lugar del otro: de identificar las experiencias e intereses propios con los del otro. Se da cuenta que el otro siente dolor también. Asimismo, se da cuenta de que las acciones propias pueden tener consecuencias que repercuten en otros –y recíprocamente las acciones ajenas en uno mismo también. Por medio de la interacción social y empatía natural, uno toma consciencia social.

La consciencia social le inclina al individuo a contrapesar sus propios intereses con los del otro. Consciente del otro, el individuo racionaliza restringir su propia libertad justo lo suficiente para concederle la misma cantidad de libertad.

La racionalidad comprensiva facilita una co-existencia productiva: propicia la reciprocidad y apoyo mutuo. El respeto mutuo, confianza y compromiso necesarios para la reciprocidad nacen de la interacción social y empatía natural.

En principio, el autodirigido es autor de sus acciones y palabras; por eso, es reclamable por ellas. Cuando se da cuenta de que sus acciones y palabras tienen consecuencias sociales, y decide responder por ellas, entonces se gana el respeto de otros y sostiene su dignidad. En fin, la acción libre conlleva el precio de la responsabilidad.

Para obrar de manera objetivamente defendible ante toda la sociedad, corresponde ampliar el círculo de consideración a todos los miembros de la sociedad. Corresponde considerar las experiencias e intereses de otros fuera de los grupitos inmediatos del individuo. Corresponde fomentar y ampliar la consciencia social.

 

 

Se observan distintas formas de conducta social. Cotejando, se nota que algunas resultan demostrablemente más deseables que otras. En la medida que se juegan papeles interpersonales cada vez más importantes, se aprecian cada vez más las ventajas mutuas de formas de conducta que fomentan una funcionalidad social práctica y armonización de intereses.

Por ejemplo, por medio de las interacciones sociales, se toma consciencia de que la consecuencias del apoyo mutuo son socialmente más deseables que las consecuencias del conflicto. Así, el individuo empieza a valorar las formas de conducta prosociales y a practicarlas habitualmente por cuenta propia.

Habituándose a formas de conducta prosociales, se internalizan los principios y valores subyacentes, volviéndose naturaleza arraigada. Por ejemplo, con la práctica habitual de la honestidad, se internaliza el principio y valor subyacente. Así desde adentro, empieza a aflorar no sólo la práctica habitual de ser honesto, sino la expectativa de honestidad en el otro también.

La internalización de un valor prosocial, como la honestidad, motiva a esperarla y exigirla. Los que se esfuerzan por ser constantemente honestos valoran ser correspondidos. Y las expectativas de honestidad presionan al propio reclamante a practicarla por su cuenta también. Al generalizar las expectativas de honestidad habitual en cada uno, se fomentan la transparencia y honestidad habitual de todos. La exigencia del bien y reclamo por el mal propician la buena conducta.(2)

Un sistema ético puede definirse como un sistema de reclamo: presupone la exigibilidad y reclamabilidad mutua.(1) Y el derecho a reclamar se fundamenta en la autonomía del individuo reclamado. Así, el reconocimiento de la autonomía de cada uno, implícito en una cultura de libertad, subyace un sistema ético.

 

 

Con la práctica habitual de su juicio propio, el autodirigido se vuelve cada vez más realista y práctico. Junto con su consciencia social, lo habilitan para el buen juicio moral y la ética crítica. Es más, de mucho juicios propios críticos, emerge una asombrosa sabiduría colectiva.(3) Dos cabezas piensan más que una. Así, la inteligencia colectiva crítica posibilita una ética cada vez más realista y práctica.

Los autodirigidos socialmente conscientes actúan con autoconfianza y valentía, hasta en circunstancias adversas. Se disponen ayudar al prójimo en su proyectos éticamente permisibles, y solicitan ayuda también. Pero permanecen bien parados, con un centro interior sólido, propia identidad y dignidad intactas.

Así, los autodirigidos socialmente conscientes saldan su libertad de acción eligiendo, habitualmente, comprometerse con sus obligaciones sociales y haciendo valer sus derechos sociales. Su autodisciplina habitual los mantiene respetablemente honestos y libres.

La autodirección consciente es más desafiante que la obediencia ciega o seguir unas reglas a raja-tabla, pero sostiene la dignidad. Así, la libertad y consideración del otro son las fuerzas motoras del la autodirección consciente.

borrador al 11 may. 2010, carmen chase

Inspirado en Gora, Kurtz, Sartre, Gandhi, Cohen, Thomas Hobbes, Lawrence Kohlberg

notas
1. “Philosophers Without Gods”, Chapter 17 “If god is dead, is everything permitted?”, Elizabeth Anderso, pág. 229
2. Por el bien, entiéndase lo socialmente deseable, por ej. una situación que resulta deseable para todos. Por buena conducta, entiéndase conducta socialmente deseable.
3. Ver "Cien mejor que uno", James Surowiecki, (URANO, 2004; ."Emergence", Steven Johnson, (Scribner, 2002). También ver emergencia en wikipedia.

“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

Benito Juárez, Apuntes Para Mis Hijos (FCE)

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